GUÍA DE LECTURA: El guardián invisible, de Dolores Redondo

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9788423341986“Ainhoa Elizasu fue la segunda víctima del basajaun, aunque entonces la prensa todavía no lo llamaba así. Fue un poco más tarde cuando trascendió que alrededor de los cadáveres aparecían pelos de animal, restos de piel y rastros dudosamente humanos, unidos a una especie de fúnebre ceremonia de purificación. Una fuerza maligna, telúrica y ancestral parecía haber marcado los cuerpos de aquellas casi niñas con la ropa rasgada, el vello púbico rasurado y las manos dispuestas en actitud virginal.”

Así comienza El guardián invisible, el primero de los tres tomos de la Trilogía del Baztán (junto con Legado en los huesos y Ofrenda a la tormenta), de la autora donostiarra, Dolores Redondo, quien sin más preámbulos, así, de golpe, nos introduce en medio del sinsentido de unos asesinatos de muchachas muy jóvenes, casi niñas, en un entorno rural, tranquilo y pacífico que, en otras circunstancias, podría resultar entrañable, incluso bucólico, pero que, a causa del terror a lo desconocido y de la estupefacción por lo ocurrido, se ha convertido en un infierno de fantasmas y quimeras por el que su autora nos conducirá a través de un laberinto de intrigas que nos irán atrapando poco a poco en una tela de araña de la que no podremos salir hasta llegar al final.

La protagonista, Amaia Salazar, inspectora de la sección de homicidios de la Policía Foral, vuelve a su pueblo, Elizondo, con el encargo de investigar estas muertes, pero allí no sólo se encuentra con un caso intrincado, oscuro, perfectamente maquinado por una mente inteligente, aunque a todas luces enferma, sino que debe hacer frente también a sus propios espectros familiares, a sus miedos del pasado y a sus cuentas pendientes con el presente y, por si ello no bastara, tiene la obligación de encontrar la verdad en medio de un mundo dominado todavía por las supersticiones, donde la leyendas toman cuerpo de realidad.

El guardián invisible es una novela donde se mezclan la intriga policiaca con una historia de viejos secretos familiares y la esencia subyacente de la mitología local. Tres esferas argumentales que van conjugándose entre sí durante toda la trama, creando una red de implicaciones y relaciones que se irá complicando hasta la solución final. El argumento es lineal en lo que respecta a la investigación de los crímenes, sin embargo, cuando se trata de las relaciones familiares, los flashbacks (saltos hacia el pasado) son bastante frecuentes con la finalidad de explicarnos las causas de la extraña relación de Amaia con su familia del pueblo, sus dos hermanas y su tía. Por otra parte, los apuntes de lo tradicional van moteando la narración aquí y allá, en pequeñas dosis, logrando de esta forma introducirnos en el ambiente ancestral de los bosque navarros y vascos.

Según confesó la propia autora, ella pretendía escribir sobre el matriarcado típico de las tierras vascas, donde las mujeres tienen bastante peso y toman gran parte de las decisiones familiares, por ello, los crímenes eran algo secundario en su idea inicial de la novela, pues lo que intentaba era darle más importancia a la historia familiar que, sin embargo, a causa de los atroces asesinatos, ha ido quedando relegada al escenario contextual sobre el que transcurre la acción central: la investigación de las sucesivas muertes. Aun así, la historia de la familia ocupa gran parte de la novela y llega a tener estrecha relación con el desarrollo del caso llevado por la joven inspectora y, en algunos momentos, los recuerdos de lo sucedido en el pasado dan la sensación de sobreponerse sobre lo que está ocurriendo en el momento actual. En Elizondo, su pueblo natal del que siempre ha querido huir, viven todavía las personas que le quedan de su familia: su tía y sus dos hermanas, y para dar vida a estos personajes femeninos de la familia de Amaia, la autora se basó en personajes reales, según ella misma dijo: “Flora y Ros están inspiradas en mujeres que conozco. Tía Engrasi se inspira en Maritxu Guller, una vidente y echadora de cartas de tarot popular en San Sebastián.”

La protagonista es la inspectora foral Amaia Salazar, cuyo reciente ascenso no ha sentado muy bien a todos los compañeros varones, sobre todo a otro inspector que acata a regañadientes sus órdenes y a quien no lo ha gustado nada que se le haya encargado a ella la dirección del caso.  Amaia parece tener una sensibilidad especial para percibir el mal, además de una excelente preparación en Quantico (Virginia), de donde han salido los agentes de la FBI, además, en su designación parece que también ha tenido bastante importancia el hecho de ser natural de Elizondo y, por lo tanto, de conocer bien el terreno y las personas. Pero cuando sus jefes la envían de vuelta a su tierra, al ocurrir el segundo asesinato, este retorno porvoca que se le despierten los recuerdos del pasado y los miedos de su infancia. Con todo, es un personaje diferente al que últimamente estábamos acostumbrándonos del tipo, como ella misma dice, “policía alcoholizado y solitario”, pues Amaia es un mujer vital y reivindicativa de su condición femenina.

9953793015_518a9a60d9_bDolores Redondo podría haber situado esta historia en cualquier otro lugar, pero quería ambientarla en algún punto del País Vasco o de Navarra y la situó en Elizondo a causa de su entorno y, sobre todo, de los bosques que alfombran el valle del río Baztán, donde los cadáveres van apareciendo, el hogar del basajaun, el señor del bosque, y de Mari, que cuida de las cosechas, y por donde deambulan las sorguiñas y las belagiles. Elizondo, un pequeño pueblo de poco más de tres mil habitantes, enclavado en el Pirineo occidental y situado en la zona de habla euskera de Navarra, donde la existencia pasa con la cadencia propia de las gentes que viven sin prisas y donde cualquier incidente de este tipo podría trastocar por completo la tranquila convivencia de sus habitantes; un pueblo con muchos edificios palaciegos, no sólo de los antiguos hidalgos de la Edad Media o el Renacimiento, sino también de los algo más recientes propiedad de aquellos burgueses indianos que volvían ricos de hacer las Américas… Y este hecho, que pudo ser casual, le ha dado un enfoque a la novela, místico, misterioso, mágico, que no habría tenido de ocurrir en otro lugar, y mucho menos en una ciudad.

Con su estilo natural, abierto y evitando al máximo perderse en explicaciones innecesarias, Dolores Redondo ha conseguido, con esta su segunda novela, atrapar la atención del lector, sobre todo en lo relacionado con el aspecto psicológico de los principales personajes. Le evolución del argumento va evolucionando desde la presencia total del tema central de los asesinatos y la investigación policial, con pequeñas referencias, al principio, y aumentando el protagonismo del problema familiar hasta confluir ambos al final, lo que nos va envolviendo paulatinamente.

dolores-redondoDolores Redondo nació en San Sebastián el año 1969. Comenzó la carrera de Derecho en Deusto, pero la abandonó para dedicarse a la restauración, llegando a tener su propio restaurante, el cual dejaría más adelante con la intención de dedicarse de pleno a la literatura, en la que se inició con relatos cortos y cuentos infantiles, hasta que publicó su primera novela, Los privilegios del ángel, en el 2009. Cuatro años más tarde apareció El guardián invisible, a la que siguieron en los meses posteriores las dos siguientes de la Trilogía del Baztán: Legado en los huesos y Ofrenda a la tormenta. En este mes de octubre de 2016, ha sido galardonada con el Premio Planeta por su último trabajo, que no tardaremos en ver en las librerías, Todo esto te daré, otro thriller ambientado, esta vez, en tierras gallegas.

Para la primavera de 2017 está previsto el estreno de la película basada en El guardián invisible, cuyo rodaje se comenzó en marzo de 2016, coproducida por Atresmedia, Peter Nadermann (Millennium) y Nostromo Pictures (Buried y Palmeras en la nieve).

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EL REMORDIMIENTO, de Borges

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He cometido el peor de los pecados

que un hombre puede cometer. No he sido

feliz. Que los glaciares del olvido

me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego

arriesgado y hermoso de la vida,

para la tierra, el agua, el aire, el fuego.

Los defraudé. No fui feliz. Cumplida

no fue su joven voluntad. Mi mente

se aplicó a las simétricas porfías

del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.

No me abandona. Siempre está a mi lado

la sombra de haber sido un desdichado

 

remorse-or-sphinx-embedded-in-the-sandBorges escribe este soneto en endecasílabos tras la muerte de su mejor amiga y su camarada más fiel, su madre, ocurrida el 8 de julio de 1975, y lo publicó en el diario La Nación pocos días después de este suceso.

Hombre de personalidad insaciable, siempre fue detrás de un imposible, tanto en sus ideales artísticos, como en aspiraciones filosóficas, incluso en su realización como ser humano. Por lo cual es fácil llegar a comprender que la insatisfacción fuera una de sus compañeras más asiduas, y la frustración le acechase por los rincones, incluso en los espejos que tanto temía: es difícil contemplarse a uno mismo tal como es…

Su variedad de intereses era casi incalculable y, como bien dice el refrán de la sabiduría popular, “quien mucho abarca, poco aprieta”, por lo que a cada nuevo descubrimiento se abrían nuevas dudas que se iban acumulando hasta el infinito, haciendo su búsqueda irrealizable. La creación de su mundo fantástico, subjetivo y metafísico le supuso, seguramente, un enorme esfuerzo: investigación, exploración, estudio, argumentación, deducción… una vida dedicada por entero al universo literario e intelectual. Su obra no es de fácil comprensión a causa de la constante simbología utilizada, en muchos casos totalmente personal, pero ahí también radica la fascinación que provoca en numerosos escritores, estudiosos y críticos literarios, porque este universo, cuando lo penetras, te atrapa.

El propio Borges se definió a sí mismo en los siguientes términos: “No soy ni un pensador ni un moralista, sino sencillamente un hombre de letras que refleja en sus escritos su propia confusión y el respetado sistema de confusiones que llamamos filosofía, en forma de literatura”.

hqdefaultPero, ¿y la vida?… ¿Se debe ceñir la existencia a esta labor agotadora e irrealizable?… ¿Se encuentra la felicidad en el logro de esas metas que todo estudioso se plantea?… La respuesta es complicada porque lo absoluto no existe, nuestro paso por la vida está compuesto por pequeños lapsos de tiempo, por diminutos instantes, inapreciables flases que se van acoplando unos con otros hasta formar nuestra historia. Nada es duradero y ni mucho menos eterno, por ello es muy posible que aparezcan momentos de vacío, esos en los que se piensa que todo lo que se ha hecho no vale para nada, que se ha desaprovechado el tiempo y has tirado las oportunidades por la borda… pero eso también depende del momento y del entorno y de otros factores que se nos escapan porque no dependen de nosotros. Sí, es difícil responder a las anteriores preguntas, pero de lo que no cabe ninguna duda, es que Borges hizo lo que quería hacer y llegó, como suele ocurrir, hasta donde pudo, pero en relación con el resto de los mortales, bastante lejos.

Así pues, este poema simplemente refleja el estado de ánimo de su autor en un momento determinado de su vida en el que estaba afectado por algo que se escapaba de su propia voluntad. Todo él rezuma una profunda tristeza y un amargo sentimiento de fracaso, y siente remordimientos por ello, por no haber cumplido las expectativas de felicidad que sus padres pusieron en él… Suele ocurrir cuando perdemos a un ser querido que aparezca un cierto sentimiento de culpa, tal vez porque se nos han quedado en el cajón del olvido tantas cosas por decir, tanto por dar, mucho por hacer, y nos embarga una sensación de impotencia insoportable, y tal vez entonces nos damos cuenta de lo puramente humanos, y por lo tanto frágiles y limitados, que somos…

Lo curioso de “El Remordimiento” es que, al contrario de lo que ocurre con gran parte del resto de su obra, se entiende perfectamente y podemos empatizar con él, percibir lo que siente. Sin embargo, esto no era muy común en sus creaciones poéticas, como ya he remarcado, pues Borges fue en su juventud un ultraísta ferviente, cuando reducía la expresión poética al uso casi exclusivo de la metáfora, construyendo las frases sin nexos ni prácticamente adjetivos y creando y sintetizando imágenes que estimularan la sugerencia en el lector, como podemos comprobar en el titulado “Mañana”:

 

Las banderas cantaron sus colores

y el viento es una vara de bambú entre las manos

El mundo crece como un árbol claro

Ebrio como una hélice

el sol toca la diana sobre las azoteas

el sol con sus espuelas desgarra los espejos

Como un naipe mi sombra

ha caído de bruces sobre la carretera

Arriba el cielo vuela

y lo surcan los pájaros como noches errantes

La mañana viene a posarse fresca en mi espalda.

 

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